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Existen principalmente dos tipos diferentes de aletas: las de calzante cerrado que abarcan hasta el talón, las de calzante abierto que permiten una mejor adaptación al pie y las altas que se ajustan al tobillo y se complementan con la utilización de un escarpín o botín de neopreno.
¿Cómo reconocer una buena aleta?
Las mejores aletas son aquellas que tienen una buena rigidez aportada por los nervios transversales que actúan como estabilizadores verticales.
Es importante también ver la anchura y longitud de la aleta ya que de ésta depende un mayor o menor desplazamiento del agua, es decir, un mayor o menor impulso, las canalizaciones de evacuación del agua, y las aberturas que reducen la resistencia de movimiento.
Es aconsejable elegir aletas que se adapten fácilmente al pie y que no tengan durezas que pueden llegar a ocasionar heridas y roces que perjudiquen el movimiento de los pies.
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Mantenimiento: para mantener en buen estado las aletas, es recomendable lavarlas con abundante agua dulce luego de cada inmersión y guardarlas en lugares frescos y secos, lejos de la luz solar. Es conveniente en el caso de las aletas de calzante abierto revisar la tira de fijación, ya que es más frágil y deteriorable que la de otros elementos. Si se las guarda de pie, apoyadas en alguna pared, es recomendable hacerlo con la pala hacia arriba para evitar que se deformen. Si no se van a utilizar durante un largo periodo de tiempo, conviene dejarlas con un poco de talco.
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