El Boreas descansa sobre un fondo a treinta y dos metros y su cota mínima está situada a unos dieciseis metros de profundidad, en la proa se halla sujeta una boya que lo señaliza en superficie, por la que podremos descender y ascender sin problemas por el cabo de fondeo. Recostado sobre su lado de babor y con la proa mirando hacia el puerto, este pecio se ha convertido en el hogar de innumerables especies, sobre todo congrios, langostas, bogavantes, escórporas... a las que ofrece refugio en su interior, además de las especies como algas calcáreas y esponjas, que viven fijadas a la estructura del pecio. Aunque la visibilidad suele ser aceptable, rondando los diez metros y pudiendo rebasar los veinte metros en los mejores días, también puede ser muy reducida, sobre todo con mar de fondo, al encontrarse el pecio sobre un fondo arenoso. Las corrientes no suelen ser fuertes aunque conviene prestar atención a su fuerza y dirección para planificar el recorrido a seguir. En cuanto a los vientos, los únicos que pueden impedir la inmersión son el Levante o el local Garbí, al encontrarse en aguas abiertas sin ningún tipo de resguardo.

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